Lollypops : La increible historia de un...¿Lolly?(First Episode)
Hola :D Bueno aquí traigo la primera parte de esta historia que escribí después de ingerir sustancias peligrosas xdxd le arregle una que otra cosa y le añadí más color a la cosa ... ya ahí les va :P
Para mis queridas amigas, Milah, Elah y Babita que
Las quiero con todo el corazón.
Advertencia
Ésta historia es parcialmente ficticia y fantástica. Sin tener que aclararlo hay cosas que nunca fueron, no son y quién sabe si serán pues en este mundo tan loco nunca se sabe…
Las extraños sucesos tal vez resulten familiares, pero igual le puse color para hacerlo más interesante.
Cualquier parecido en cuanto a personajes, situaciones, lugares, nombres; no es mera coincidencia. Los nombres de los personajes involucrados en esta excéntrica creación, existen al igual que algunas situaciones y lugares.
Esto no debe ser distribuido libremente pues puede ser malinterpretado.
Por último, bajo su propia responsabilidad va a leer lo siguiente que puede dejarle serios traumas psicológicos.
¿Eres tú?
Im breaking down
I’m breaking down
Just let me cry
Just let me cry- Ashlee simpson
Daniela dibujando, Camila escuchando música, Bárbara escribiendo vaya a saber uno que cosa y yo rayando mi mesa, dibujando caritas felices. Todas en la sofocante sala de clases del segundo C. Una pequeña sala con paredes blancas, ventanas grandes y sucias que no se pueden abrir, una pila de mesas feas y con el piso gastado por tantas pisadas diarias que recibe.
-Ayer saludé a Sebastián- comentó emocionada Daniela- me dijo que era la niña más linda que ha conocido en la vida entera.
-Mentiroso- susurró Bárbara apenas sin levantar la mirada ni dejar de escribir- No puedes creerle a alguien tan patético como él.
-Quizá eres muy dura juzgando- replicó Camila.
Yo, que estaba muy ocupada pensando en la paz mundial, seguía dibujando caritas, esta vez con diferentes expresiones.
-¿Qué opinas tú Dani?- Me preguntó Daniela (Es algo incómodo llamarse igual que tu amiga ¿No?)
-¿Opinar que de qué?
-Del Seba.
-Mmm… No sé… pero podrías intentarlo.
-Opino lo mismo- aseguró Camila, abriendo su mochila, sacando un espejo y un encrespador.
-Yo digo que se olvide de él- objetó Bárbara.
-¡Préstamelo!- pidió ansiosa Ela.
-Lo estoy usando- respondió Camila encrespando sus pestañas, más de lo que ya estaban.
Se rizaron y maquillaron las pestañas felizmente en vez de responder el cuestionario de Biología que se supone debíamos estar contestando.
Ambas tenían las pestañas muy largas, abundantes y negras. Pero nada comparado con las pestañas de Daniela, tan largas y gruesas que si no la conociera pensaría que son postizas.
-¿Cuál es el plan de hoy?- preguntó Bárbara.
-¿Qué plan?
-Que harán para que Daniela se junte felizmente para toda la vida con Sebastián.
- No lo sé- dijo Camila- quizá la Dani debería… ¡Declararle su amor eterno!
- No creo que eso sea lo mejor- dijo nerviosa la aludida.
- Pero creo que es hora de actuar, o alguien te quitará a tu hombre.
- Eso no es un hombre, yo creo que ni para proyecto de hombre le alcanza- refunfuño Bárbara.
Este tema me tenía un poco aburrida. La misma conversación la veníamos teniendo hace casi un mes y es que esta niña enredosa no se decidía a declararse siendo que era tan obvio que el chico también gustaba de ella.
-¿Tú no opinas nada?- me preguntó Bárbara.
-Opino que debe terminar con esto de una vez y declararse.
Se decepcionó bastante con mi respuesta. Creo que esperaba que estuviera de su parte.
-Entonces…- susurró en un tono casi inaudible Daniela.
-Entonces… - imitó Camila.
-Entonces… - dijo también Bárbara.
-¿Entonces qué?- dije ya un poco enfadada de tantos entonces.
-Hoy me declaro.
Desde que dijo eso ya había transcurrido otra larga semana y no hubo caso. Día tras día pasó y se pospuso una y otra vez. Intentamos todo con Camila… pero fue en vano. Los juntamos varias veces pero sólo se limitaron a conversar de temas comunes como el clima, pruebas, crisis económica, etc. Ella nunca se decidía.
Siempre nos quedábamos cerca para ver en primera fila lo que ocurriría.
-Daniela, Camila- nos llamó-¿Pueden venir?
Siempre cuando estaba a punto de decir algo nos llamaba.
-No puedo- mintió Camila- me torcí el pie y no puedo pararme.
Nos miró enfadada, frunciendo el ceño. Siempre, por alguna razón desconocida, terminábamos haciéndole caso.
-Hola chiquillas- dijo con esa voz tan femenina que tenía Sebastián.
-Hola- dijimos sin mucho ánimo.
-El Seba tiene un nuevo gatito, ¿Cómo creen que podría llamarse?
Hubo un silencio algo largo. ¿A quién le importa en estos momentos el gato de este idiota?
-¡Qué se yo! Sólo… ¡Ámense! – exclamó Camila, empujando a ambos uno contra el otro.
Lo único que alcancé a ver fue que se dieron un cabezazo antes de que Camila me tomara de la mano y me llevara lejos de ahí.
-¿Estás loca? Ella nos matará después de esto- la reté.
-No creo- dijo riéndose. Estaba con un ataque de risa.
Nos encontrábamos sentadas en unas banquitas, bajo unos delgados árboles sin hojas, que daban la sensación otoñal que traía el mes de marzo. Entre tanto niño chico que corría por el patio, perdimos de vista a los tórtolos enamorados. Camila no paraba de reírse como chiflada.
-Hola chicas- saludó alegremente Daniela como si no hubiera pasado nada.
-¿De dónde saliste?
Cuando Camila vio a Daniela intensificó sus risotadas.
-Pero si estaba súper cerca… ¿Qué le pasa a esta?
-No sé, creo que ya enloqueció.
-Quizá deberíamos ir al baño para que tome ag…
-Que importa- interrumpí, quería llegar a la pregunta clave, aunque ya sabía que la respuesta sería negativa- ¿Te declaraste?
Bajó la vista poniendo cara de angustia y frunciendo sus gruesos labios. Camila dejó de reírse.
-Lo siento.
-No te preocupes ya estamos acostumbradas a…
-¡Esto es inaudito, inconcebible y hasta parece un chiste!- exclamó enfadada Camila.
-Pero…
Yo sólo iba a decir que estaba acostumbrada a que ella nunca daba el paso y que realmente no importaba sin embargo Camila…
-¡Decídete a tomarlo o dejarlo! ¡Es blanco o es negro! ¡El plomo no existe!
Pobre persona que estuviera allí que tuviese un animal regalón plomo y que le dijeran que ese color no existe. Esperen, esa soy yo.
- Mi gato es plomo- comenté tratando de aplacar los ánimos. Ambas me miraron desconcertadas y me ignoraron.
-Voy a comprar- avisó Daniela, yéndose cabizbaja en dirección al quiosco del colegio.
Ya en la sala estábamos todas calladas, algo muy raro en nosotras, sin mencionar que responsablemente hacíamos la tarea de matemáticas. (De seguro que ese día algo malo pasaría)
-¿Y?- preguntó Bárbara rompiendo el silencio.
-No se declaró.
-Si lo hice- dijo con toda tranquilidad Daniela.
Las tres la miramos estupefactas.
-¿Lo hiciste?- preguntó incrédula Camila- ¿Por qué nos dijiste que no…?
- Cuando fui a comprar me lo encontré, entonces se lo dije.
Y ¿Cómo fue? ¿Qué paso? ¿Se dieron un beso? ¿Te pidió pololeo? ¿Te dijo que te amaría por toda la eternidad aún después de la muerte?
Esas preguntas no las hice yo, las hizo Camila sin dejar espacio para respuestas.
-Me dijo que hablaría conmigo a la salida.
No sé porque, pero Camila y yo estábamos más ansiosas que la misma Daniela por lo que venía. Imaginé como diez escenas románticas diferentes y se las dije a Daniela quién sólo se limitó a sonreír. No estaba muy emocionada.
No se le vio al Sebastián durante el resto del día. Era como si se lo hubiera tragado la tierra. En el recreo lo busqué con la mirada por los largos pasillos, el patio cementado, las bancas bajo los árboles, y nada…
Quizá estaba ocupado o algo así. O se había retirado por enfermedad.
- Ese maldito cobarde se está escapando de ti- aseguró Bárbara.
-Dale una oportunidad- le pedí convencida de que él chico sería bueno.
-Hmph- era lo único que sabía responder Daniela a nuestras conversaciones.
Pero decidí pensar positivo.
Pero luego me arrepentí por completo de haber dado un chance a ese imbécil. ¿Cómo puede la opinión tuya de alguien cambiar de un segundo a otro? Maldito. Por supuesto que la tierra no se lo tragó, no creo que la tierra tuviera tan mal gusto. En efecto el cobarde se había estado escondiendo de Daniela.
Al salir de clases lo estuvimos esperando y esperando y no salía nunca de su sala. Las luces del colegio empezaban a apagarse y el frío otoñal se hacía ya presente. Caminamos hacia la salida con toda la intención de irnos porque ya estaba de noche, y en eso Bárbara, audazmente, lo interceptó cuando intentaba escapar con su tropa de tarados, a los cuales él llama amigos.
-¿A dónde crees que vas?
- A mi casa supongo- respondió haciéndose el importante- sale de mi camino.
¿Qué se cree este hablándole así a mi Babita?
-Tu quedaste de hablar con Daniela- reclamó Camila que estaba enojadísima- no te irás hasta que hablen, se hombre, hazte cargo de tus promesas.
-Pues lo siento, me tengo que ir. Es tarde. ¿No tienen que irse a sus casas también?
- Te demoraste a propósito- lo acusé.
En eso llegó hasta donde estábamos Daniela, con una expresión terrible en su rostro, como si el mundo se hubiera derrumbado.
-Bueno Ela (Así le decíamos para diferenciarla de mí) Hablemos si quieres- dijo el idiota tratando se salvar la situación, al ver el rostro de mi amiga, lleno de decepción.
-No. No pienso conversar contigo. Me tuviste esperando todo este rato y no te daré el beneficio de hablar conmigo. ¿Crees que soy una babosa que hace todo lo que dices? Púdrete.
-Pero…
-Pero nada, ella ya te dijo que te fueras. Vírate- dijo chasqueando los dedos Bárbara.
-Oye Daniela, quizá el tiene algo importante que decirte- insistió Camila teniendo aún la esperanza que podían arreglar esto. Pero, sinceramente, nunca entendí la mente estúpida de ese homínido.
- Yo voy al baño- avisé- vuelvo en un rato. ¡No se vallan sin mí!
No alcancé a escuchar la respuesta pues estaba muy apurada. Corrí por el pasillo, tenía que ir al baño, no podía aguantar más.
Cuando terminé me fui a lavar las manos y me arreglé el cabello frente al espejo solitario que tenía una pifia en su lado izquierdo que te hacía lucir más gorda.
Sentí de pronto un escalofrío extraño. Las luces del baño bajaron casi hasta quedar apagadas. Tomé mis cosas y quise salir de ahí pero sentí un ruido en uno de los baños. Unos pasos ligeros se escuchaban dentro del baño, pero no se veía nadie.
¿Duendes?- Pensé. Sabía que ellos eran los que me robaban las gomas de borrar.
Me acerqué con algo de miedo para ver que pasaba. Me sobresalté cuando escuché una voz masculina a mis espaldas.
-Valla, que mala calidad tienen estas luces.
Me volteé y pude ver a un muchacho todo vestido de blanco, polera y pantalones de ese color, de pie junto a la salida del baño. Su cabello era tan tieso que parecía artificial. Su rostro era algo cuadrado, de ojos pequeños pero de pestañas tupidas, una nariz respingada y labios gruesos. Me quede muda.
El chico al ver mi expresión me miro aturdido.
-¿Puedes verme?
- S- sí… tartamudeé
-Que raro, pensé que nadie podía hacerlo.
¿Qué nadie podía verlo? ¿Hace cuanto tiempo que merodea los baños sin que nadie lo vea? Y lo más importante ¿Quién era? Y lo que más daba miedo ¿Qué era?
-¿Qué eres?- pregunté arrepintiéndome casi al instante pues creo que soné grosera.
-Soy un fantasma.
-¿Me tomas por tonta? ¿Qué haces aquí en el baño de mujeres?
-¿Baño de mujeres? No tenía idea, acabo de entrar.
En eso entró la señora de la limpieza y me quedo mirando.
-Ya ves, tienes que irte no puedes entrar a los baños de mujeres- lo regañé antes de que la señora del aseo lo hiciera.
-¿Por qué habla sola mi niña?- me dijo con una cara de entre susto y preocupación.
¿Sola? ¿Es que no puede ver a este muchacho que está de intruso aquí en el baño?
-Te dije que nadie me podía ver, ella pensará que estás loca- dijo el chico riendo, mostrando a través de sus gruesos labios una hilera de dientes blancos perfectamente alineados.
-Emm- traté de salvarla- estaba practicando una obra que haré en mi curso.
-Aaa- pues, no quiero ser molesta pero voy a cerrar aquí.
Parece que se tragó la excusa.
-No importa, ya me iba.
Salí tiesa del baño, no todos los días te encuentras con un espíritu. Quizá el niño se había puesto de acuerdo con la auxiliar para gastarme una broma. Tal vez no…
-¿Cómo es que puedes verme? Es extraño
- Deja tu broma, no es gracioso- le dije enojada. El chico me había seguido afuera del baño. Estaba tan oscuro el patio que sólo distinguía las lejanas luces de la puerta principal y la luz que irradiaba ese curioso muchacho.
-Intenta pegarme- me desafió.
Vacilé un momento pero decidí darle un pequeño golpe.
Mi mano atravesó el espectral cuerpo del chico.
¡Ahhh!- chillé tan fuerte que parecía que había visto un fantasma, claro, porque lo ví.
-¿Qué pasa ahí?- me pregunto la señora de la limpieza que había salido para saber que estaba pasando.
-Seguía ensayando la obra- si le decía que había visto un fantasma terminaría en un manicomio.
-Trata de no gritar tanto mi niña, me diste un susto.
-Lo lamento.
El chico permanecía de pie tranquilamente junto a mí. Mirándome de vez en cuando y tarareando la marcha fúnebre.
El chico se parecía enormemente a alguien o tal vez algo… Se me prendió la cabeza como una ampolleta.
-¿Eres Kevin?...
- No se quien soy, no se a donde voy tampoco. Estoy confinado aquí desde hace un tiempo y me paseo sin que nadie me vea. Alguien me encerró en este lugar.
-Bueno pues te bautizo con el nombre de Kevin.
-No me gusta.
- No te pregunté si te gustaba. Bueno yo me voy.
- Espera un momento, yo mismo me inventé un nombre…
Me fui de ahí dejando un anonadado fantasma atrás.
Kevin- Sama
I just wanna use your love tonight
I don’t wanna lose your love tonight
Use your love- Katy perry
Mucho antes del espelúznate encuentro con este personaje, explicaré de donde salió.
La historia de Kevin-Sama comienza un día, digamos que era nublado pues no recuerdo el clima.
-¿Quieres conocer a Kevin?- me preguntó con gran entusiasmo Daniela cuando salimos de clases.
-¿Quién es Kevin?
-Una amigo Fiel.
-¿Cómo Woody? Yo soy tu amigo fiel…- me puse a cantar.
-Noooo- me replicó jalándome del brazo.
No sabía donde me llevaba, ni mucho menos a quien iba a conocer. Se detuvo en medio del pasillo de pronto. Perdona, pero no veo a nadie.
-¿Y?
-Está justo ahí- dijo indicándome una… ¿Pared?
-Te presento a Kevin. Kevin está es Daniela, pero le decimos Mido.
Me caigo me levanto… Una figura que parecía escupo con pegamento y axila de (no pondré esto por respeto a los posibles lectores) Con un trazo alrededor que le daba forma de un muchacho de cabello lacio justo como Kevin Jonas. Un momento ¿Kevin Jonas? ¿Me estás presentando una muralla roja?
-¿Kevin es el dibujo que hay en la muralla?
Sonrió en señal de aprobación.
Pero que más podía esperar de mi amiga. No me sorprendió tanto aunque de todos modos esperaba conocer a un muchacho de verdad y no un muro.
- ¿Estás de broma?- dije antes del ataque de risa.
En serio, me salían lágrimas de tanto reírme.
-Es que este paisano se quedo pegado en la muralla cuando cayó pegamento aquí- dijo haciendo voz de gitana lo que hizo que me riera más.
-¿De qué se ríen? Ahh .Veo que le has presentando a Kevin- asumió Camila que había llegado recién.
-¿De nuevo estás con esa cosa del Kevin?- dijo alzando una ceja Bárbara que no alcancé a ver cuando llegó.
-¿Cómo es que habían conocido a este espécimen y yo no?- dije enojada.
-La Ela se lo imaginó cuando faltaste ayer.
Problemas
Después del alucinante encuentro que ni yo todavía me lo creo, volví y el idiota de Sebastián se había ido pues la Ela se negó a hablar con el.
-¡Debiste haber escuchado lo que tenía que decir!- gruñó Camila.
-Déjalo, es un pobre cobarde- replicó Bárbara.
-Chicas, no me recuerden más el tema- dijo Daniela, que después de lo que pasó ayer estaba en una depresión enorme.
Estaba pensando en el fascinante fantasma con el que me encontré ayer en el baño cuando, bueno, preguntaron mi opinión.
-Has estado muy callada. Tú siempre opinas algo, te pregunten o no te pregunten ¿Qué pasa?- inquirió Camila.
-Nada- aseguré- sólo tuve un alucinante encuentro con un espectro, pero no es nada grave.
Las tres me miraron con cara de circunstancia. Camila puso su mano sobre mi cabeza.
-Buuu, Mido, parece que te has resfriado. Tienes un poco de fiebre.
¿Me tomas por loca?
-Quizá…- admití. Demás que todo esto fue una mera ilusión de mi mente trastornada.
Al otro día estaba con la esperanza de que todo hubiese sido una extraña ilusión creada por mi cabecita loca, pero el infortunio me persigue y me encontré envuelta otra vez en una situación abstracta y desconocida.
-¡Vamos Ela! El mundo no se acaba- intenté animarla mas no lo conseguí.
-No puedo animarme, me siento a morir- respondió con un hilo de voz.
-¡Vamos a pegarle a ese maldito gusano del demonio!- exclamó eufórica Camila, preparando un rollo de cartulina para cometer su delito.
-¡Yo te apoyo!- dijo la Babita sacando otro rollo de cartulina. ¿De dónde han sacado tanto rollo de cartulina?
-Es de nuestra disertación- respondió la Ela, cada vez más deprimida.
-Un momento… no pueden usar nuestra disertación de arma, es inaudito – me quejé.
-Cuando disertemos ya no necesitaremos de esto y lo usaremos en contra de ese fofo, muajaja- agregó maquiavélicamente Camila que se veía entusiasmada con la venganza. Me están dando miedo
-No le den tanta importancia- pidió la Elah-lo único que lograrán es que se sienta más importante.
Esto que dijo, en vez de calmar los ánimos, los vivificó más.
-¡Ese pelafustán no se irá así como si nada!¡Debemos acabar con su vida!- chilló con un tono de guerra la Babita.
Está bien que quieran pegarle, pero… ¿acabar con su vida no es como mucho? No creo que quieran ir a la cárcel.
-Sólo le daremos una lección para que no nos olvide- gruñó Camila.
Bien, creo que está todo dicho, la guerra es inminente.
-Después de clases fofo tu vida no será la misma…- masculló con maldad la babita, en serio me estaban dando miedo.
Pobre fofo, de verdad te tengo compasión. Pasó el tiempo, y ya veía venir la hora de la súper persecución que estaban tramando.
-“Mira, primero que nada esperaremos fuera de su sala. Cuando él nos vea ahí, no saldrá de inmediato y se quedará un rato adentro con sus amigos. Cuando ya no haya casi nadie en el colegio, haremos como que nos vamos pero dos de nosotras lo esperaremos en una escalera, y las otras dos en la otra, entonces le mataremos”- estaba relatando la Babita.
-No podemos matarle, pero si darle una lección- dijo Camila quien estaba llena de euforia y veía como le brillaban los ojos, llenos de maldad.
-Mientras nos ocupamos de él, ustedes dos- dijo Babita indicándome a mí y a la Ela- se encargaran de sus amigos.
Dos horas más tarde tocaron el timbre que anunciaba que había que emprender la retirada, yo estaba de semanera, pero no pude quedarme porque fui arrastrada con las demás escaleras arriba.
-Oigan… ¿No nos botarán de aquí después de cierta hora?- interrogué.
-¡Nos esconderemos en nuestra gloria!- gritó la Milah-¡Muy bien escuadrón anti fofos, a sus posiciones!
-¿Estás chiflada?
-Tal vez.
Que sincera.
Lo que debíamos hacer ahora era esperar y esperar y como era de esperar, Sebastián al vernos ahí no se atrevió a salir el muy miedosito y se quedo con cuatro amigos, los que descaradamente se hacían los interesantes. Que patético.
-Creo que ya no queda nadie, es hora de actuar- sentenció Babita que preparaba sus cartulinas ansiosa porque corriese sangre.
-¡Al abordaje muchachos!- exclamó Camila jalando a la Babita por el brazo- recuerden noquear a todos los demás.
Sí, como digas. Iba obedientemente a mi misión cuando la pequeña mano de mi amiga Ela, que ha estado misteriosamente callada en todo éste capítulo, me detuvo.
-No creo que sea buena idea Mido.
-¿No crees? Pues a decir verdad yo tampoco… Pero, ya que- respondí volviendo a tomar mi rumbo hacia la escalera donde estaba la inspectoría.
-De verdad…
-De verdad nada, será divertido te lo prometo- le aseguré.
Dudó, pero de todos modos me siguió y nos quedamos ahí al frente de la oficina de la Tía Juanita, que por cierto no estaba.
Al rato después bajaron los susodichos por la escalera donde estaban las chiquillas y una gran pelea se armó. La estábamos viendo desde lejos, sin ayudar en nada. Se supone que nosotros deberíamos noquearlos, no ellas.
-¡Vamos, para que puedan ir a por Fofo!- le dije a Daniela pero ella me dijo:
-“Puede bajar por aquí, así que iré yo y tú te quedas.”
No te preocupes, yo puedo asesinarlo sola.
-No le hagas demasiado daño.
La Ela audazmente fue corriendo hasta donde estaban los aludidos, y se abalanzó sobre uno de ellos dejándolo indefenso en el frío suelo. Empezó a darle golpes con la cartulina, mientras que los demás arrancaron al baño. Camila y Bárbara entraron sin ningún remordimiento tras ellos, y al parecer, les dieron una buena golpiza.
-¡Ustedes están locas!- le gritaba uno de ellos, mientras corrían tratando de alcanzar la salida. Pero el último ataque fue golpearlos a todos en los tobillos con un palo de escoba. Nos expulsarán por esto…
Los cuatro muchachos, después de ser cruelmente golpeados, discutían con las chicas. Al parecer los estaban torturando para que dijeran donde se había refugiado el maldito fofo mamón. En eso llego don Emilio, tan inoportuno como siempre. No alcancé a oír lo que decía, pero si podía notar que los regañaba y los estaba echando a sus casas.
Alguien ingresó por las puertas de la escuela, no pude distinguir quién era porque llevaba un gorro y una parka negra; de lejos parecía sólo una sombra más de entre todas las que hay por aquí. Pero subió las escaleras… hay un 50% de posibilidades de que sea Sebastián, demasiada para ignorarla. Ascendí por las escaleras al encuentro del muchacho misterioso, para darle una tunda por andar de fugitivo.
-¡Espera!- le grité.
Iba entrando a la sala del 2°a y se volteó cuando me oyó.
-¿Daniela?
-La que viste y calza, estás más que muerto- le dije antes de darle con la cartulina.
-¿Pero qué haces?- me dijo muy desconcertado. Esa voz no era del fofo…
¿A quién estoy golpeando?
-¿Cristher?
Muy bien, más gente involucrada en este penoso acontecimiento. Lamento haberte golpeado pero... ¿Qué diantres diablos haces aquí?
-Bueno yo…
-¡Se escapa!- chilló la Camila que iba en compañía de la Babita y que pasaron al lado mío. ¿Cuándo subieron la escalera que no me di cuenta? Qué más da. El fofo salió de su sala corriendo despavorido. Sus amigos lo delataron, prefirieron su integridad como personas y lo entregaron. No los culpo, habría hecho lo mismo en su lugar pues el fofo no vale la pena.
Sebastián, al verse perseguido, bajó las escaleras rápidamente y algo extraño e inesperado sucedió. Hay cosas que nunca esperarías ver, como a la profe de mate peinada por ejemplo, pero esto era insólito. La Babita arriba del balcón de la escalera, a punto de saltar. ¡No te suicides! La vida es hermosa, lo juro.
-¡Oye, Bárbara, bájate de ahí, te puedes caer!- le advirtió Cristher.
-¿Te has trastornado?
-¡Súper torbellino volador del más allá!
Y saltó…
Y calló sobre el fofo. ¿Estás loca? ¿Y si te hubieses matado?
-¡Qué ataque más espectacular!- aclamó la Camila- ahora estás derrotado maldito gusano.
-Creo que me rompieron un hueso- se quejó Sebastián.
Eso no sería favorable, quizá nos echen por atentar contra la vida del alumnado.
-¿Por qué le hicieron eso a ese pobre ser humano?- preguntó el Cristher que no entendía nada, pobrecito, yo tampoco entiendo nada aunque no me creas.
-¡Que le han hecho, me lo han matado!- lloraba la Ela cuando vio a su eterno amor tendido en el suelo después de que le cayera una Babita de los cielos.
-De los cielos le ha caído su castigo- decretó Camila muy satisfecha por el triunfo.
-Daniela, te prometo que no lo hago nunca más, pero mantén a tus amigas lejos de mí… me dan miedo- le decía Sebastián.
-A mí también me dan miedo- estuvo de acuerdo la Ela.
Oye descriteriada, lo hemos hecho por ti. ¡La Babita saltó al vacío por ti!
-Creo que han exagerado un poco, miren al pobre. Pienso que lo quebraron- nos dijo la Ela - y tu Bárbara, te podrías haber matado.
Eso mismo digo yo…
Matado, matado, matado…
¿Hay eco aquí?
Matado, matado, matado…
Daniela, te entendí, no es necesario que…
Matado, matado, matado…
-¡Ahhh!- grité, pues todo se empezó a distorsionar.
-¿Mido?- escuchaba la dulce voz de la Daniela perderse en el profundo vacío. No podía responderle.
¿Daniela?

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